Comida

XUVA… Cocina que hace comunidad

Antes de que mi tema de investigación fuera el amor, yo tenía una obsesión en ver a la comida como el tema más antropológico posible e intentaba descifrar cómo la comida construía un sin fin de entramados sociales, quería hablar de identidad,  costumbres, diferencias etc... nunca terminé de desarrollar la idea, así que me decidí a investigarla poco y mejor dedicarme a saborearla.

Afortunadamente, hay gente que se dedica a deleitarnos  la vista ya sea escribiendo desde una perspectiva antropológica la comida, como lo es mi ex profesora Catherine Good o como Juan Aquino, quien no conforme con saborearnos Oaxaca con su libro "comamos identidad" a quien Yuri de Gortari le escribió un exquisito prólogo, tuvo el atinado atrevimiento de abrir el restaurante XUVA.

Fue hace poco que el chef Luis Aquino abrió XUVA ¡y vaya manera de abrir! y esque todo en este restaurante está muy bien pensado y todo confluye en una deliciosa sintonía, desde el mobiliario hasta la música.

XUVA está ubicado en la calle Salvador Díaz Mirón 128, en Santa María la Ribera en la Ciudad de México, muy cerca del metro buenavista, a unas 4 calles del kiosko Morisco.

¿Qué pedir en XUVA? Su carta es un homenaje a Oaxaca, así que los moles son la especialidad, sin embargo, nosotros llegamos en la noche y ya cuando se es ruco, cenar mole no parece la mejor idea, así que Hugo y yo acordamos que reservaremos la expectativa del sabor para descifrarla un sábado por la mañana con unas enmoladas, que según el mesero nos volarán la cabeza.

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El servicio de este lugar es tan bueno, que el mesero inmediatamente que te sientas, te ofrece bebida y tomarte la orden, y uno quizá pensaría que la comida se tardaría, pero nada de eso, pasaron 7 minutos en traernos un guacamolito con chapulines y otros 15  en traernos nuestra cena.

La entrada ya predecía que este lugar se convertiría en uno de los favoritos, pues el guacamole y los crocantes insectos que lo acompañaba no eran cualquier chapulín yo juré que los sazonan con sal de gusano (puede que sí, o puede que ande de inventada) pero sabía muy bueno, cremoso, punto exacto de limón y los insectos le dieron un toque crocante.

Ya sabiendo que el mole no sería una buena idea de noche, decidimos cenar unos ravioles rellenos de queso bañados en una salsa de flor de calabaza que no tenían madre, la salsa es de las cosas más deliciosas que he probado, la textura era espumosa, el color amarillo de la flor contrastaba atinadamente con el ajonjolí negro y me gusta como el chef logró incorporar dos elementos que podría parecer que no tienen nada que ver para dar como resultado algo delicioso que evoca que las flores y tallos tiernos son importantes en la gastronomía de México.

Hugo pidió un chile relleno de jocoque bañado en una salsa que no recuerdo de que era, aún así al igual que mi platillo sabía delicioso.

 

 

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Los platos llegan engalanados en una loza muy particular, cuyo diseño, al igual que la arquitectura del lugar corrió a cargo de Mecate diseño.

Ya para rematar una cena exquisita, nos tomamos unos carajillos y de postre una tarta de mamey que ¡wey que pedo! a mi no me gusta el mamey y estuve a dos de chupar el plato, también pedimos un mousse de guanabana, que particularmente no me encantó, quizá hubiera preferido una textura más esponjosa que que algo gelatinoso, pero sabía bien.

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Los precios están súper bien, el platillo más caro está en $250, los tragos de $90 a $120, así que si tienen una cenita especial o quieren ir a un lugar tranquilo, no duden en ir a XUVA.

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